Me calcé las zapatillas, dos talles más grandes por si la vida me aprieta, y corrí hacía mi meta, pisando fuerte para dejar mis huellas, en el camino me encontré con paradas fugaces de las cuales me llevaba un recuerdo y lo guardaba en un museo personal, y luego me iba. Y al llegar a la meta, empecé a ver nuevas metas, pero ni yo era el mismo corredor, ni la meta cumplida era la misma.