Ayer en la noche soñé con un rostro, tan desconocido y conocido a la vez. Un rostro inexistente pero que luego se volvió caricia, y luego abrazo, y luego beso.
No lo conocía, pero me sentía en casa, me sentía como un niño. Cada caricia me recordaba la belleza del amor, cada abrazo me devolvía a la vida y me asesinaba al soltarme, para luego hacerme revivir, cada beso... ¿cómo puedo explicarlo con palabras existentes? Era un sentimiento tan extraño.
Una calidez me recorría el cuerpo, si no viviera en este mundo, podría decir que eso era la vida real. La verdad del sentir, la verdad del amor.
Pero al despertar sentí una angustia enorme, sentí como se siente al olvidar un hermoso recuerdo y no poder recordar por qué era tan hermoso. Así me sentí. Un rostro... un rostro de alguien que no existe, o quizás existe y no lo encontré, o quizás existió y ya no está.
Estoy seguro, eso era amor.